Dondequiera que se predique el evangelio y algunos crean, habrá división y disturbios. Véanse Juan 7.43; 9.16; 10.19 y Lucas 12.49–53. Incluso hoy muchos cristianos sufren en su mismo hogar debido a seres queridos que rechazan a Cristo. Pero la oposición no detuvo a Pablo y a Bernabé; en vez de eso, se quedaron en la ciudad y continuaron predicando. Dios honró su fe al darles señales y prodigios. Estos milagros probaban que Pablo era un apóstol de Dios (2 Co 12.12) y causarían efecto en los judíos (véase 1 Co 1.22) y gentiles (Ro 15.18, 19). Cuando los hombres descubrieron un complot para apedrearlos, salieron y se fueron a Listra y a Derbe, y allí predicaron la Palabra. Véase Mateo 10.23.
En Listra Pablo pudo realizar un gran milagro al sanar a un cojo muy conocido. Es interesante comparar los ministerios de Pedro y Pablo en este punto: ambos curaron a un cojo (3.1–8; 14.8–12); ambos lidiaron con impostores satánicos (8.18–24; 13.4–12); a ambos lo liberaron milagrosamente de la cárcel (12.5–10; 16.25–29); ambos resucitaron muertos (9.40; 20.12); ambos realizaron milagros especiales (5.15, 16; 28.8).
Este milagro lo aceptaron los ciudadanos paganos como prueba de que Pablo y Bernabé eran sus dioses que habían descendido a la tierra; a Bernabé llamaban «Júpiter» (o Zeus, el dios principal) y a Pablo «Mercurio» (o Hermes, el mensajero de los dioses). El sacerdote local de Júpiter estuvo listo para ofrecer sacrificios cuando los misioneros públicamente les detuvieron. Pablo aprovechó la situación para predicar la Palabra a la multitud. Nótese que no usó las Escrituras del AT como lo hacía en los cultos de las sinagogas, sino que razonó con estos gentiles sobre la base de las obras deDios en la creación. Compare este sermón (que se resume aquí en los versículos 15–17) con el mensaje de Pablo en Atenas (17.16–34) y sus declaraciones en Romanos 1.20ss. Las obras de Dios en la naturaleza dejan a los paganos «sin excusa».
El mensaje de Pablo fue rechazado y la gente le apedreó y le dejó por muerto. Nos preguntamos si Pablo recordaba el día cuando dirigió a los judíos para que apedrearan a Esteban. «Una vez fui apedreado», escribiría más tarde (2 Co 11.25); y en Gálatas 6.17 menciona las «marcas» que llevaba en su cuerpo debido a sus sufrimientos por Cristo. Algunos creen que Pablo en realidad murió y que por un milagro resucitó de los muertos, y sugieren que su experiencia en «el tercer cielo» ocurrió en esta ocasión (2 Co 12.1–4). Años más tarde Pablo le recordaría a Timoteo de estos sufrimiento (2 Ti 3.11). Es probable que Timoteo se haya convertido en este momento (véase Hch 14.6 con 16.1).
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