¿Está dispuesto?
Moisés es un ejemplo interesante de un hombre que lo arriesgó todo para seguir el llamado de Dios. Recuerde el momento en que Moisés notó por primera vez la zarza que ardía en fuego, sin consumirse, se detuvo y se acercó (Ex 3). Ciertamente tenía curiosidad; sin embargo, algo mucho más profundo estaba ocurriendo. Primero, se acercó más espontáneamente; arriesgándose al poder de la presencia de Dios. Fue voluntario. Dios llamó y él respondió: «Heme aquí».
La disposición humana de acercarse al Señor siempre indica bendición. Es el primer paso del diálogo significativo, divino. Metafóricamente, se abre una puerta; y de manera asombrosa, pese a nuestra debilidad humana, controlamos la velocidad y la trayectoria de la apertura de la puerta. Nuestra actitud mueve o frustra la mano de Dios. Cuando Dios llama, tenemos múltiples opciones, como son:
1. Podemos endurecer nuestra cerviz, dando a entender que todo está bien en nuestras vidas: «Gracias, Dios, pero en realidad no te necesito por ahora», por así decirlo.
2. Podemos decidir no escuchar la voz de Dios y con egoísmo seguir nuestra voluntad, nuestras propias actividades.
3. Podemos aun intentar aplacar el llamado de Dios, diciendo en efecto: «Veamos qué es lo que quieres, y si es algo en lo que saldré ganado, oraré al respecto».
Todas estas alternativas son claramente arrogantes, oportunistas y absolutamente insensatas. Representan un tipo de ruleta rusa espiritual: un juego en el cual hemos elegido apostar a nuestro conocimiento finito, cuando podríamos aprovechar plenamente la infinita sabiduría de Dios.
Por otro lado, sin embargo, podemos escoger obedecer de manera voluntaria a Dios. Los individuos que responden positivamente al llamamiento de Dios exhiben tres valiosos rasgos de conducta:
1. Demuestran sensibilidad ante Dios.
2. Claramente toman con seriedad la empresa de Dios en todo el mundo. 3. Fáciles de enseñar : Receptivos a la instrucción y el consejo.
|